En los países ungidos con los óleos del bienestar, ya nos habíamos acostumbrado muchos a la rutina del modelo de conflicto habitual en el globo. Y de pronto, ¡zas: el mediático candidato republicano a la presidencia de los USA, Donald Trump, con sus tuitéricas recetas para arreglar la “mala situación” de su país, gana las elecciones y entra en la Casa Blanca! Y acto seguido, empieza a firmar órdenes ejecutivas mientras en un primer momento la bolsa sube.

 

Dicen los analistas que el Señor Trump está interesado en dejar claro ante la opinión pública que él, desde el primer momento, toma las decisiones que puede tomar para cumplir sus promesas electorales, ninguna directa y relevante para el sector de la ciberseguridad.

 

“Ti-ri-ti” Trump...
José de la Peña Múñoz
Director
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

Pero esa es otra historia. Nosotros vamos a las del jaqueo. Como es sabido, una de las razones que se esgrimieron para justificar la derrota de la candidata demócrata fue la sustracción –por jáqueres al servicio de Moscú– de información de los sistemas del Partido Demócrata y posterior divulgación para dejar en evidencia a la Señora Clinton y a otros miembros de su formación, y así favorecer al Señor Trump, hecho que motivó la amenaza del Señor Obama y posterior expulsión de diplomáticos rusos del país.

 

Por lo que nos han contado, todo se debió a un phishing exitoso. Nada de una APT sofisticada en origen, ni de un “insider” traidor... La cosa –se piensa en nuestro mundillo– no da ni para un guión cinematográfico de Serie B.

 

Pero claro, lo importante del caso es que ha dejado entrelazadas para siempre las posibilidades de incluir en una supuesta operación para modificar en algún sentido los estados de opinión la política y los ciberataques, bien cargados estos de ingeniería social y de esperanza en que con un pelín de buena suerte alguien pique. La otra esperanza (a veces es certeza) es que los sistemas técnicos de ciberseguridad de las víctimas sea deplorable y su concienciación de los peligros, baja. ¿Le suena?

 

Para mayor abundamiento, todo ha quedado en el terreno de la sospecha, del indicio, porque tal y como se ha construido hasta el momento la sociedad digital, la posibilidad de saber qué ha pasado vinculada de forma concluyente con la autoría de tales o cuales personas y el mantenimiento de una cadena de custodia de todo el proceso que resista las exigencias de un análisis forense presentable ante un juez, es remota en escenarios no controlados, que son la mayoría.

 

¿Qué piensa el Presidente?

 

Lo que no sabemos es la cantidad y la calidad de la información políticamente comprometedora que se roban unos estados a otros, ni si además de tener información comprometedora para el Partido Demócrata, el Señor Putin tiene también otra del Partido Republicano. Y Donald Trump tampoco, porque ha ordenado una investigación.

 

Como esto tiene pinta de ser el principio de una escalada ciber en la nueva guerra fría, lógico es pensar que traerá consecuencias. ¿Cuáles para el sector de la ciberseguridad? No me atrevo a contestar.

 

Lo haría si supiera qué opinan de la ciberseguridad Donald Trump y los miembros de su equipo, ya sea en el plano industrial, ya en lo tocante a la seguridad nacional de su país y de su modelo del antaño llamado “mundo libre”. Lo que piensa Vladimir Putin ya está impreso en los actos que le atribuyen y en la ley Yarovaya. Lo que piensa China, lo suponemos todos. Y lo que piensa la UE todavía no lo sabe ni la UE, de tan privado que es.

 

 

Documento en PDF

first
  
last
 
 
start
stop

Este sitio utiliza cookies propias y de terceros para facilitar la navegación.
Si continúa navegando consideramos que acepta su uso. Política de cookies