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Como cabía imaginar, el enrarecido ambiente que en todos los órdenes venimos sufriendo en los últimos tiempos también se ha trasladado, acaso de un modo más que virulento, a los escenarios digitales de toda índole que conforman nuestro modus vivendi en tanto sociedad avanzada. Las sucesivas calamidades que se están padeciendo –cuyos efectos afectan a entornos sociales, políticos y empresariales– acaso sean tan solo los primeros efluvios de un caldo de cultivo digital explosivo que, cabe augurar, aún está por llegar y, probablemente, sea bastante devastador.


TIEMPOS PERROS
Luis G. Fernández
Editor
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Efectivamente, la usual fenomenología asociada a todo periodo de crisis está cobrando hoy tintes pelín desbocados en nuestra red de redes, causando estropicios de muchas índoles, algunos de ellos de impacto directo en los menesteres que nos conciernen: y otros de alcance ‘colateral’ inevitable.

 

Ya se sabe, están en juego pilares tan nucleares en nuestra sociedad como la inexorable necesidad de tener un Derecho digital universalmente aplicable, la articulación atinada de los derechos de creación y su justa y proporcionada mercantilización, y, por supuesto, la resiliencia de Internet, cualesquiera que sean las tropelías que a través y/o en su nombre quieran cometerse.

 

En lo que al mundillo concierne, uno de los fenómenos que, a buen seguro, irá en aumento, será la agresión a la propia industria de seguridad TIC, a no dudar uno de los pilares nucleares de la confianza en Internet. Dicha industria, suministradora de soluciones y tecnologías orientadas a minimizar la evidente fragilidad de la Red, es hoy ‘target’ indiscutible de diversos bandos, mayormente del lado oscuro.

 

También otros colectivos no necesariamente malvados sino ejemplarizantes, se muestran tentados igualmente de hacer zozobrar artefactos industriales de propósito específico sustentadores de infraestructuras críticas, aireando sus malatendidas debilidades.

 

Qué mejor estrategia que socavar la confianza del usuario humillando a dichos colectivos suministradores y gestores mostrando al mundo que en casa de los herreros sigue habiendo no pocas cucharas de madera. RSA, Diginotar o Symantec son los más recientes ejemplos de que en casa de los desarrolladores hay que hacer mejor los deberes, especialmente en lo relativo a la tutela de activos. Y qué decir de los hogares de grandes utilities y otras IC, en los que no pocos sistemas Scada evidencian severas goteras en su diseño, mantenimiento y actualización.

 

De otro lado, es inquietante constatar las crecientes demostraciones de agresión a través del medio digital –con impacto en terceros (bancos, bolsas de valores, …)– de colectivos con renuencia a sintonizar entre ellos, ya sea por causas políticas, ya por abanderar quién sabe qué libertad o derecho. Estas desavenencias están deviniendo en ataques, represalias, coacciones y chantajes más y más notorios e impactantes, augurando una alarmante escalada que tal vez anuncie la arribada de algún tipo de ciberconflictos y ciberyihads transdigitales de imprevistas dimensiones.

 

Es así. Vienen tiempos perros duros de roer y habrá que afrontarlos. ¿Cómo de resistentes serán nuestras dentaduras para tanto hueso, especialmente en estos tiempos de crisis y contención presupuestaria?

 

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