Corren tiempos de desconfianza, desánimo y penurias. Este verano, plagado de calamidades varias, está a punto de concluir pero su mal fario parece no tener visos de esfumarse. Entre tam tams de guerra en lontananza y la corroboración generalizada de que, gracias a nuestra moderna dependencia tecnológica, los integrantes de las sociedades con mimbres digitales estamos en disposición de ser vigilados, espiados y sondados hasta en los sitios más recónditos, se dibuja un escenario social en el que la privacidad no sale muy bien parada.
Luis G. Fernández
Con todo, los fecundos y expansivos prados digitales generan pasto a espuertas a uno y otro lado de la ética y en esta tesitura la quiebra de la confianza es un lujo que no podemos seguir permitiéndonos. Al estar en juego el desempeño digital –mayormente el de la operativa económico-financiera y de la ciudadanía– toda rémora comprometedora de este sustento entorpece cuando no frustra la confianza en este nuevo ámbito negocial y de convivencia. Todos recordamos el desinfle y flagrante fracaso de los primeros servicios de confianza (DNIe…), el sombrío impacto mediático por el cuestionamiento de la certificación electrónica –vapuleándose con persistente saña las frágiles implementaciones y procedimentaciones de significativas ACs–, o mismamente el recientísimo baqueteo a la prometedora bitcoin.
Lo cierto es que estamos necesitados de restaurar la confianza en la dimensión digital de la sociedad y que ésta se fíe de la que se le ofrece. Y ello solo se consigue corrigiendo errores que, ahora sí, permitan un uso más intensivo de las TIC por parte de las administraciones y la ciudadanía.
Por ello, damos la bienvenida a la primera sustanciación de la Agenda Digital española –a instancias del Ministerio de Industria, Energía y Turismo–, que tras ver la luz el pasado 15 de febrero y a tres años vista, recoge entre sus primeros siete planes uno con significativas partidas encaminadas a la mejora de la confianza y la ciberseguridad.
Su propósito promete: contribuir al desarrollo de la economía y la sociedad digital; disponer de un ciberespacio abierto, seguro y protegido; garantizar un uso seguro de las redes y los sistemas de información; y responder a los compromisos internacionales en materia de ciberseguridad.
En este contexto, en el denominado Plan de Confianza en el ámbito digital se identifican tres objetivos específicos: promover una experiencia digital segura, desarrollar capacidades para la resiliencia y brindar oportunidades para la industria y los profesionales. Cuenta con cinco ejes y 25 medidas, y en total se habilitan 59 millones de euros –42 de los cuales se canalizan vía INTECO y más de 6 al programa de excelencia en ciberseguridad–.
Es voluntad de SIC seguir muy de cerca estas actuaciones a fin de constatar el necesario avance y la reinstauración de la confianza en algo tan nuclear para el siglo XXI como es la sociedad digital. Manos a la obra.