Más responsabilidad por parte de los Estados en la lucha contra el ciberdelito, y mayores y más reforzados niveles de cooperación y compartición de información entre todo el ámbito comunitario y entre todos los actores implicados. En estas dos máximas puede resumirse, en gran parte, la recién estrenada Estrategia Europea de Ciberseguridad. En el marco de la primera, se insta a los Estados a crear, dentro de sus fronteras, unidades nacionales de lucha contra el ciberdelito, y a definir, si no lo hubieran hecho ya, sus respectivas políticas de ciberseguridad. En relación con la segunda, se apuesta por la compartición de información y por la coordinación y cooperación en todos los ámbitos (Estados, instituciones de la Unión, organismos internacionales y sector privado; actores civiles y militares; cooperación judicial y apoyo operacional a los Estados; e intercambio de información entre Eurojust y Europol, entre otras instancias). Dentro de la Estrategia de Ciberseguridad destacan, igualmente, los esfuerzos en I+D; en formación y sensibilización, tanto en el ámbito académico y policial, como en el marco de las administraciones públicas y en todos los niveles directivos de las compañías; los intentos por desarrollar estándares de privacidad y ciberseguridad, e implantar etiquetas identificativas de niveles de seguridad; y la propuesta a la ENISA de un programa de certificación profesional (Network and Information Security driving licence).