Nº 98. FEBRERO 2012
Ya desde hace años se da por sabido que los ataques en los que los malos usan como arma las TIC no pueden combatirse a cachiporrazos. Por eso, los buenos profesionales dedicados a luchar contra la delincuencia que se manifiesta por este medio –caso, por ejemplo, de los miembros de equipos especializados de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad–, o a gestionar riesgos asociados con la seguridad de los datos y la información principalmente tratada en sistemas tecnológicos en sus organizaciones –caso, por ejemplo, de algunos CSO, y de los CISO, auditores IT, gestores de privacidad,…– han tenido que desarrollar habilidades y adquirir conocimientos encuadrados en varias disciplinas. Particularmente, la de seguridad TIC es de tal profundidad técnica hoy, que incluso escapa a una gran mayoría de profesionales de la informática y las telecomunicaciones.
José de la Peña Múñoz Estamos ahora en los albores de la protección de las infraestructuras críticas (IC). Y no resulta descabellado pensar que las instalaciones de IC, físicamente, no han cambiado mucho, al menos no lo suficiente como para justificar un nuevo perfil de experto en seguridad física. Sin embargo, sí lo están haciendo (y a mucha velocidad) las TIC en las que se basan esas IC. Y esto, lector, entra en el campo de la llamada ciberseguridad. El asunto es saber si el título de director de seguridad privada homologable por el Ministerio del Interior nutre del conocimiento adecuado para, además, dirigir la ciberprotección de las IC (que es, hoy, la asignatura pendiente). Quizá sí lo dé, al menos en el caso de que el profesional que se lo saque tenga previamente conocimientos demostrables y experiencia en protección de la información y seguridad TIC.
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