COMO2

La comodidad parece haberse convertido en el valor por excelencia de la sociedad actual. Sin distinción de ámbitos, tanto en el físico como en el lógico, es la principal característica que se le pide a la vida moderna. Ahora que estamos planteándonos los valores éticos que tenemos que trasladar a los algoritmos de la inteligencia artificial quizás sea el momento de empezar por pensar en los de los humanos del siglo XXI.

La comodidad ha sustituido a la libertad o a la seguridad en el viejo debate del contrato social. Lo que le pedimos ahora a cualquier producto o a las instituciones es que cualquier cosa que hagamos sea fácil, instantánea y –al menos aparentemente– gratuita. Sí, no queremos pagar por ver un capítulo concreto, preferimos una tarifa plana en la que ya esté contemplado ese gasto. Estamos dejando de utilizar el correo electrónico por la misma razón que olvidamos la utilidad de los buzones de correo postal, no es lo bastante inmediato. Incluso hemos olvidado cómo redactar esas cartas o mensajes y aceptamos casi a ciegas las sugerencias para acabar una frase o externalizamos el servicio en un dictado que ya lleva incorporada una disculpa por las posibles faltas ortográficas que cometa.

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