El patito feo de la seguridad

La actual pandemia está cambiando nuestra forma de trabajar. Esta sentencia se repite una y otra vez desde mediados de marzo de 2020. Ya no es nada novedosa. Las semanas de confinamiento se sucedieron una tras otra y todos tuvimos que aprender a interactuar y a trabajar en una “nueva normalidad”.

Las tres archiconocidas propiedades básicas de la seguridad de la información son confidencialidad, integridad y disponibilidad. Tradicionalmente las dos primeras han constituido el objetivo más atractivo de gran parte de las soluciones de protección en el mercado. La disponibilidad, en ocasiones, no se veía siquiera como parte de la seguridad: era el “elefante rosa” en la “habitación de la ciberseguridad” que no acertábamos a ver y a tratar con claridad. El patito feo de la tríada.

Estos nuevos tiempos han servido para darnos cuenta de que “la garantía de disponibilidad de nuestros servicios” es mucho mayor si pueden ser proporcionados de forma remota. Indefectiblemente, hoy en día, el adjetivo remoto viene asociado al adjetivo digital si hablamos de servicios prestados por las empresas. Y si hablamos de servicios digitales, la ciberseguridad es un requisito necesario para su prestación con garantías suficientes.

La disponibilidad del acceso remoto a nuestros sistemas y datos ha cobrado una importancia vital: ha sido una verdadera puesta de largo de la “disponibilidad” como valor esencial de la seguridad. En estos días, la confidencialidad y la integridad acompañan a la disponibilidad de los sistemas online sólo si la empresa, grande o pequeña, tiene capacidad para ello.

Las redes privadas y los escritorios virtuales ya eran herramientas en uso entre desarrolladores, analistas, etc. El cambio actual las hace presentes en muchas otras funciones profesionales que antes no entraban en la ecuación del teletrabajo. Los centros de atención a clientes y la asistencia médica primaria son dos ejemplos.

Los profesionales de la ciberseguridad tenemos la oportunidad de innovar en este nuevo paradigma de relación profesional en nuestra sociedad. El lugar físico desde el que trabajamos de forma segura ya no es relevante en nuestros equipos y organizaciones.

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