āInsolvencersā y crecepelistas
Aunque a uno le dĆ© cierto vĆ©rtigo decirlo, un servidor lleva ya enfrascado en estos asuntos de la ciberprotección Ā”mĆ”s de 12.000 dĆas! Y claro, ha visto de todo. Y hoy, ahora, fastidia estar viendo demasiadas cosas que no se tendrĆan que ver. Algunas de ellas constatan el tembleque descreĆdo que en el plano genĆ©rico atraviesa la sociedad y otras ālas que mĆ”s vienen al casoā tienen vinculación directa con mi oficio: el periodismo genuino, y con la derivada concreta que viene al caso: la especialidad profesional, centrada en la divulgación de las ācosas del protegerā y su parasitación.
Como pocas, esta disciplina lleva siendo crecientemente zarandeada por el maelstrom triturador que son las redes de toda Ćndole, desbocadas, aviesas, populoides, teledirigidas y de fĆ”cil digestión para un apanfilado demandante, que pica y traga todo lo que se le ofrece. Duele constatarlo, pero la veracidad anda huĆ©rfana de solicitantes y el criterio discernidor brilla por su ausencia, para goce de sus guiƱoles y de los sacrosantos tecnoinstigadores de alcance planetario.

Luis G. FernƔndez
Editor
lfernandez@codasic.com
Este panorama desolador tambiĆ©n tiene lugar en las encrucijadas digitales del tablero de la ciberseguridad āen su mirĆada de plasmacionesā, donde toda suerte de especĆmenes sucumben a la tentación de practicar el intrusismo comunicativo āseguramente de manera bienintencionadaā, teniendo a gala lucir sin vergüenza palmito amĆ©bico neuronal y, a veces, adosado con el refuerzo del escĆ©nico, para āinstruirā con su vacuidad a los incautos que sucumben a sus encantos sirĆ©nidos.
De tal suerte, en estos solĆcitos parajes de la comunicación asilvestrada abundan dos tipologĆas de atorrantes especializados, por mor fĆ”cilmente detectables: los expertos pĆŗberes y los listillos sobresabidos. O bien, para ser mĆ”s precisos en su catalogación: los insolvencers y los crecepelistas.
De entre los primeros, son de reseƱar la abundancia de tiernos veteranos, acaso desorientados y en vĆa muerta, y al amparo de asociaciones, institutos y observatorios innecesarios, asĆ como de revistas y agencias monas, queriendo jugar a ser reporteros cubresaraos y entrevistadores nivel khardasian, desconociendo que en su intento de desempeƱo de la honrosa prĆ”ctica periodĆstica, el predicado sucede al sujeto, y que las mĆticas cinco W procede que sean respondidas. Por cierto, en este colectivo zote tambiĆ©n recalan los podcasteros de flĆ”cido fluzo, tan venidos arriba Ćŗltimamente. De tal guisa, tambiĆ©n los neófitos, justitos en su destreza comunicacional y desbocados en su temeridad, se zambullen guapamente en el gĆ©nero, demostrando flojera de escrĆŗpulos y ānivelaso tĆ©snicoā con palabrerĆa falsaria cuando no directamente cibercursi pero muy hialurónica.
Al respecto viene a colación recordar lo cantado por el espantapĆ”jaros en el Mago de Oz: āā¦Si yo tuviera un cerebroā, instante en que la cĆ©lebre Dorothy le pregunta al interfecto quĆ© harĆa si lo tuviera. Pues eso, que el sonrojo y el bochorno brillan por su ausencia en estos ases de la āainformaciónā con la azotea extraviada y a merced de los ansiados likes y followers. En fin.
De otro lado, deambulan los especĆmenes de Ć©tica distraĆda, vendehumos recalcitrantes, cual astrolohackers en playback, ansiosos por medrar por los escenarios congresuales para exhibir su precoz insustancialidad minifaldera, su huera pero perfumada autoadoración cognitiva āsin necesidad de abuelaā, o mismamente, reiterar su tabarra reincidente, tipo Monsergas FetĆ©n, a cargo de un sardinete sermonero que a duras penas disimula su desfachatez mercantilista, instando āhabrase vistoā a que los CISOs, Ā”toma ya! sean mĆ”s proactivos. Ā”Hip hip hurra por tan enlatada originalidad y hallazgo ocurrencial!
TambiĆ©n deambulan otros próceres de mĆŗltiples barajas que, tras el reiterado fracaso pymeril de dotarse de ciberprotección asumible, ahora proclaman erigirse con su āmanoā milagrosa en heraldos de la ciberseguridad para este frĆ”gil colectivo por lo que, y ahora sĆ Ā”Eureka! (con el evanescente apoyo de entes territoriales con arraigo) disponen del bĆ”lsamo de fierabrĆ”s para dotarlas, con escalabilidad a destajo, de la ansiada carencia.
Como consuelo, reconforta constatar cómo expertos de enjundia ādizque RomĆ”n RamĆrez, Alfonso MuƱoz, Rafa López⦠y tantos otrosā, desenmascaran en las redes sociales profesionales a estos crecepelistas de escueto y opacado pedigrĆ curricular al tiempo que despotrican ācon toda la razónā contra la patulea mayoritaria de āpofesionalesā de los RRHH que, como directos causantes por sus cicateras y engaƱosas ofertas, enturbian las legĆtimas y merecidas retribuciones de los ejercientes de la protección cibernĆ©tica en sus muy dispares pero necesarias especialidades, prometiendo precarios emolumentos a CISOs pĆŗberes de, toma ya, dilatado expertise.
No sĆ© si el bochornoso espectĆ”culo que ha venido aflorando en el colectivo de la industria polĆtica contagiarĆ” a nuestro sector y el efecto corrosivo de la Titulosis (copyright Lorenzo Silva) tambiĆ©n nos salpicarĆ”, pero el peligro aluminósico de este deterioro no es trivial desestimarlo.
En fin, quĆ© le vamos a hacer. Soy de la vieja escuela en la que se nos grabó a fuego aquello de preservar por encima de todo āla verdad verazā. El conocimiento, ademĆ”s de la decencia, han de sobrevivir y perseverar, bien arropaditos por la calidad expresiva y la integridad periodĆstica.
Como colofón a esta tribuna, apelando a la finura del gran Groucho, deberĆamos aplicarnos su sarcĆ”stica afirmación para con esta ralea exhibicionista a la que he aludido, diciĆ©ndoles: āNunca olvidamos una cara, pero con ustedes vamos a hacer una excepciónā. Ea.


