En tiempos de IA, hablemos de humanos

Como ya es tradición, al comienzo de un nuevo año, saco mi bola de cristal del cajón olvidado, la desempolvo y comparto en esta columna mis pensamientos sobre 2026 en el Ômbito cíber, pero desde un Ôngulo que estoy seguro va a ser muy alternativo, comparado con todos las buenas predicciones técnicas y tecnológicas que llenan esta revista por estas fechas.

En mÔs de una ocasión he resaltado cómo proteger a una organización frente a ciber amenazas es un ejemplo definitorio de problema complejo. La ciberseguridad incluye componentes complicados, fundamentados en el uso de tecnología, que son resueltos por expertos. Sin embargo, adicionalmente, nos enfrentamos a desafíos cambiantes, procedentes de la fuente primigenia de complejidad: el ser humano. Estas casuísticas únicas hacen invÔlidas soluciones pasadas. Aquí es donde comienzan las arenas movedizas.

Nuestro cerebro penaliza la incertidumbre. Preferimos hacer lo de siempre, aunque ahora ya no sirva. Hemos sido entrenados, en la academia y en el negocio, en procesos y ceremonias, que, aunque ya poco aporten, las seguimos realizando. No nos gusta cambiar. La transición a un nuevo año puede ser el momento ideal para quitarnos nuestro gorrito de tecnólogo y ponernos el de aprendiz de geoestratega. Abracemos el cambio.

La resiliencia operacional es tendencia y asƭ seguirƔ durante bastante tiempo. AnimƩmonos a enlazar nuestro anƔlisis de riesgos con el entorno polƭtico y social en el que nos encontramos. QuizƔs nos ataquen no por nuestro valor de negocio, sino porque compartimos nacionalidad con alguien que ha decidido algo que no ha gustado a otro alguien. Asƭ estƔn las cosas.

Recordemos las palabras del filósofo John Gray sobre que la idea de que la historia humana progresa es un prejuicio de nuestra herencia cultural, la historia humana es mÔs cíclica que ascendente. Asimismo, otro pensador, Isaiah Berlin, estudioso de las utopías, afirma que la armonía perfecta serÔ imposible de alcanzar, aunque en ocasiones creamos que estamos a punto de ello. Con estos mimbres, y sabiendo que debemos proteger a la organización de amenazas reales, aprendamos a tejer relaciones y estrategias que nos permitan dar nuestra mejor respuesta ante un entorno humano complejo, que exige grandes dosis de reflexión, estrategia y cariño.

Al fin y al cabo, el objetivo de nuestro cerebro no es encontrar la verdad plena, sino sobrevivir y perdurar la especie.