AENOR: 40 años de calidad, estandarización y valores
Pese a que escribir la cifra 1986 suene muy lejano en cuanto a fechas, también refleja la madurez y resiliencia de una empresa. AENOR cumple 40 años acompañando a un mercado en constante cambio, más en estos últimos tiempos en los que cada día hay una novedad tecnológica que siente la urgente necesidad de actualizar todo lo innovado hasta el momento. En estas cuatro décadas, hemos pasado de ser un proyecto nacional a convertirnos en un referente internacional, exportando un modelo de rigor que hoy es sello de identidad en más de 90 países.
AENOR comenzó su andadura como una referencia para la estandarización de procesos industriales, a la vez que planteaba un aval externo que abogase por la calidad técnica. Hoy también buscamos ratificar valores. Algunas de las necesidades actuales como la correcta aplicación de los criterios ESG, la existencia de la ética en la utilización de la IA o las normativas específicas y avances en los sistemas de ciberseguridad, obligan a los agentes del sector (entre los que se incluye AENOR) a adaptarse al fugaz ritmo de los tiempos modernos.

Rafael Vergara
Gerente de Soluciones de Digitalización y Tecnología
AENOR
Con el paso de los años la transformación ha sido clara. Ya no solo se exige eficiencia, también se necesita confianza. La misión de AENOR ya no es solo certificar cómo se hacen las cosas, sino aportar valor a la sociedad. Responder a esta pregunta es vital para la hiperconectividad del primer cuarto del siglo XXI, porque hay muchas voces que claman por ser las protagonistas, pero muy pocas las que sepan dar una respuesta clara sobre sus objetivos reales.
El dramaturgo Bernard Shaw nos dejó un aforismo allá por principios de 1900 que rezaba así: “El hombre sensato se adapta al mundo; el insensato persiste en intentar adaptar el mundo a sí mismo”. Es una dicotomía que bien se podría aplicar a nuestros tiempos y que hemos sabido adoptar como bandera. Ya no se trata únicamente de contar con un sello de calidad porque existen tanto ruido y tantas voces supuestamente expertas, que hay una necesidad de generar confianza, de ser red de seguridad para otros, y que esa confianza sea garante de éxito.
Desde AENOR, tenemos el ejemplo de cientos y cientos de clientes que buscan ser el hombre sensato. Poco a poco vamos entendiendo que la IA ha llegado para quedarse, que se avecina un cambio al que vamos a tener que saber adaptarnos. ¿Podremos lograr una Inteligencia Artificial perfectamente ética? ¿Tenemos las herramientas para adaptarnos a las necesidades de la virtualidad y los procesos cuánticos? ¿Pueden las empresas y las personas asumir un rol externo? ¿Es la Inteligencia Artificial la puerta a un nuevo salto evolutivo?
Tenemos gurús, grandes empresarios, campañas de marketing, contenido en internet. Pocos son capaces de ofrecer una respuesta clara, fundamentalmente porque no la hay. Mientras tanto, desde AENOR seguiremos trabajando para que, gracias a evaluación de la conformidad, todos puedan jugar en un tablero donde haya una senda de buenas prácticas, unos patrones y un camino a seguir, para lograr la mayor cohesión posible en el mercado. 40 años después, el objetivo sigue siendo el mismo: que la incertidumbre tecnológica nunca sea un freno para el progreso humano.


