Por una soberanĆa diodenal chiquitocuĆ”ntica
Con tanto hervor en la azotea, para enfrentarme a esta nueva tribuna para SIC, decidĆ para la ocasión tirar de Dorothy Parker, de cuyo talento rescato una frase demoledora para darle comienzo: āLo primero que hago por las maƱanas es lavarme los dientes y afilarme la lenguaā.
Para tal propósito, pues, opto por una pizca de sarcasmo āas usualā para contextualizar mis reflexiones, esta vez centradas en nuestro venerable continente, atolondrado por las consecuencias de una frenĆ©tica digitalización planetaria, tendente inmisericordemente a ādesfronterizarloā todo salvo las tecnologĆas āde fronteraā de Ćŗltima generación. Casualmente, de otros.
Europa estĆ” descolocada āy no suficientemente escarmentadaā por ir a tientas y yerrar de forma insistente en sus movimientos conducentes a afianzar una soberanĆa continental que hace agua por tanta taifa, tanta dispersión y una abrumadora dependencia de terceros. Y, claro, con la IA despendolada. Este pulso frente al reverso de la fuerza del software es crucial, pues la verdadera capa āinvisibleā que decide si el resto del arsenal europeo y sus seƱas de identidad gozan de autonomĆa es precisamente ese portentoso código de unos y ceros, tan travieso y no pocas veces impredecible que lo condiciona todo.

Luis G. FernƔndez
Editor
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Ya lo espetaban los funkeros Chic, involuntariamente pensando en nosotros, los europeos: āSi el mundo es un circo, no seĆ”is vosotros los payasosā.
Quienes disfrutamos en su tiempo de las perlas sonoras de Chiquito, el mĆtico cómico malagueƱo, no dejamos de descubrir la mordaz aplicación actual de sus exabruptos linguales en nuestra calzada. Se le trae pues a colación por sus mĆticas expresiones multiuso adaptĆ”ndolas a lo que nos trae aquĆ y ahora. Y asĆ surge esta vindicación que titula mi sección: āPor una soberanĆa diodenal chiquitocuĆ”nticaā, porque la otra no se la acaba de ver. Viva la imaginación finstra (sin IA, por supuesto).
Esta situación de debilidad europea para alcanzar su autonomĆa estratĆ©gica en todos los Ć”mbitos dominados por la tecnologĆa y encauzar aspiracionalmente una sensata planificación de nuestro āpor venirā para remediarlo, estĆ” siendo aprovechada con estulticia por los tecnolĆderes planetarios, que āmaniobras cibernĆ©ticas en la oscuridad medianteā, nos āvendenā soberanĆa local con cimientos de extramuros. Toda una trasquilación digital sobrevenida propiciadora de una dependencia de Washington y PekĆn, Ć”vidos de apoderarse de la gobernanza tecnológica de la UE. Algo trĆ”gico, Āæverdad Bruselas?
ĀæHacemos lo necesario para enmendallo? Sin Ć”nimo de hacer escarnio -pero tampoco ignorarlo-, baste traer a colación y valorarlo benĆ©volamente el reciente anuncio del inicio del despliegue de la Nube Soberana de IA autonómica madrileƱa, plagada de tecnologĆa del TĆo Sam (Nvidia, Oracle, HPEā¦) o la ilusoria satisfacción de acoger abundantes centros de datos en nuestra geografĆa en los que poco menos que Ćŗnicamente ejercerĆamos de porteros de las instalaciones.
Parafraseando a Picasso, a los europeos se nos trata como ādiosesā en lo tocante a privacidad pero tambiĆ©n como āfelpudosā en atención a nuestra irrisoria capacidad digital. Y algo aĆŗn peor, este pensamiento generalizado se agrava cuando incluso nosotros mismos somos plenamente conscientes de esta debilidad y no corregimos con decisión.
MĆ”s allĆ” de los interesados y/o cafres argumentarios de saldo y de podcasteros de mercadillo, la soberanĆa digital āen lo que nos tocaā es un asunto crucial que no acaba de abordarse en serio. DeberĆa entenderse como la capacidad verificable āmedible y exigibleā de determinar, auditar y, llegado el caso, poder revertir, si procede, las condiciones para las cuales se tratan los datos por estos lares y ser razonablemente autónomos ĀæNo?
La dependencia de terceros, en escandalosos órdenes porcentuales del 70%/80%, mediante nubes eufemĆsticamente locales, exige reconducirla, pergeƱando una inequĆvoca, decidida y consensuada transición europea de nuestros activos a āalbergues digitalesā genuinamente asentados en territorio nuestro. RealĆsticamente la transición habrĆa de ser modulable, gradual y, atando muy en corto a los concernidos, poder disponer de controles verificables en todo su trayecto.
En paralelo, la soberanĆa dependerĆ” cada vez mĆ”s de la capacidad para generar conocimiento propio. No se trata Ćŗnicamente de que Europa lidere industrias con marchamo digital, sino de asegurar que pueda innovar, competir y proteger sus activos crĆticos bajo sus propios marcos de confianza en estos menesteres.
Y lo penĆŗltimo y no menos importante en esta atmósfera soberanista tecno-digital: OJO al auge de todo lo que tiene que ver con la Ciberdefensa [con mayĆŗsculas]. El mundo entero y buena parte de Europa estĆ”n moviendo el culo. En EspaƱa, cómo no, tarda el desperece, dejando entrever su discretĆsima atención estratĆ©gica a esta industria y a su gobernanza, escasas de arrope. Todas las potencias āactuales y aspirantesā, ademĆ”s de estar chutĆ”ndose con los nutrientes de las que estĆ”n siendo alimentadas al albur de la enrarecida casuĆstica geopolĆtica mundial, estĆ”n espabilando de lo lindo en estos menesteres rearmĆ”ndose con sus mejores galas para litigar, disuadirse y zurrarse en el ciberespacio.
Mostremos algunos botones:
Primero: un reciente memorando de Seguridad Nacional de la Casa Blanca por el que se amplĆa la autoridad federal para desplegar herramientas cibernĆ©ticas ofensivas directamente contra mafias ciberdelincuenciales offshore que atacan a estadounidenses. La directiva establece un marco formal que integra la inteligencia de amenazas del sector privado en las operaciones gubernamentales. Toda una estrategia pĆŗblico-privada para āvoluntarios forzososā a fin de āinterrumpirā las redes extranjeras propagadoras de ransomware y fraude digital.
Segundo: en los parajes del imperio del sol, sus mandatarios, tras dĆ©cadas capados y apocados, se han desperezado facultando a su ejĆ©rcito y policĆa para que desde el otoƱo próximo y amparados en una ley que permite neutralizar en su origen ataques de gran escala de estados desafectos (China, Rusia, Corea del Norteā¦), puedan desenvainar sus cibersables para rearmarse y āensartarā en el ciberespacio a esta tropa ciberasilvestrada que los merodea y agrede.
Tercero: Alemania tambiĆ©n asoma la cabeza. En agosto su Ejecutivo dio luz verde a una ampliación de las atribuciones del Servicio Federal de Inteligencia (BND) para operar fuera de sus fronteras, lo que abarca acciones de sabotaje, participación en campaƱas contra la desinformación, el pirateo de servidores en el extranjero y otras tĆ”cticas de guerra hĆbrida, en particular atribuidas a la cojonera Rusia.
Cuarto y Ćŗltimo: hasta la siempre contenida Dinamarca ha habilitado en su nuevo servicio militar la posibilidad de cumplirlo en modo ācibermiliā, recalando en unidades especializadas con formación expresa y desempeƱo especializado. ĀæAtraerĆ” y sumarĆ” voluntarios?
El futuro, tan terco Ʃl, sigue empeƱado en pisarnos los talones. Hay que intentar que no nos agarre de las bragas y los calzoncillos mientras avanzamos panolimente hacia la incertidumbre digital a pleno galope.
Y asĆ, es momento de no tomĆ”rnoslo a broma, con permiso de Condemor de la Pradera digital. Ya lo espetaban los funkeros Chic, involuntariamente pensando en nosotros, los europeos: āSi el mundo es un circo, no seĆ”is vosotros los payasosā. Y mucho menos diodenales y chiquitocuĆ”nticos.


