Por una soberanƭa diodenal chiquitocuƔntica

Con tanto hervor en la azotea, para enfrentarme a esta nueva tribuna para SIC, decidĆ­ para la ocasión tirar de Dorothy Parker, de cuyo talento rescato una frase demoledora para darle comienzo: ā€œLo primero que hago por las maƱanas es lavarme los dientes y afilarme la lenguaā€.

Para tal propósito, pues, opto por una pizca de sarcasmo –as usual– para contextualizar mis reflexiones, esta vez centradas en nuestro venerable continente, atolondrado por las consecuencias de una frenĆ©tica digitalización planetaria, tendente inmisericordemente a ā€˜desfronterizarlo’ todo salvo las tecnologĆ­as ā€˜de frontera’ de Ćŗltima generación. Casualmente, de otros.

Europa estĆ” descolocada –y no suficientemente escarmentada– por ir a tientas y yerrar de forma insistente en sus movimientos conducentes a afianzar una soberanĆ­a continental que hace agua por tanta taifa, tanta dispersión y una abrumadora dependencia de terceros. Y, claro, con la IA despendolada. Este pulso frente al reverso de la fuerza del software es crucial, pues la verdadera capa ā€˜invisible’ que decide si el resto del arsenal europeo y sus seƱas de identidad gozan de autonomĆ­a es precisamente ese portentoso código de unos y ceros, tan travieso y no pocas veces impredecible que lo condiciona todo.

Ya lo espetaban los funkeros Chic, involuntariamente pensando en nosotros, los europeos: ā€œSi el mundo es un circo, no seĆ”is vosotros los payasosā€.

Quienes disfrutamos en su tiempo de las perlas sonoras de Chiquito, el mĆ­tico cómico malagueƱo, no dejamos de descubrir la mordaz aplicación actual de sus exabruptos linguales en nuestra calzada. Se le trae pues a colación por sus mĆ­ticas expresiones multiuso adaptĆ”ndolas a lo que nos trae aquĆ­ y ahora. Y asĆ­ surge esta vindicación que titula mi sección: ā€˜Por una soberanĆ­a diodenal chiquitocuĆ”ntica’, porque la otra no se la acaba de ver. Viva la imaginación finstra (sin IA, por supuesto).

Esta situación de debilidad europea para alcanzar su autonomĆ­a estratĆ©gica en todos los Ć”mbitos dominados por la tecnologĆ­a y encauzar aspiracionalmente una sensata planificación de nuestro ā€˜por venir’ para remediarlo, estĆ” siendo aprovechada con estulticia por los tecnolĆ­deres planetarios, que –maniobras cibernĆ©ticas en la oscuridad mediante–, nos ā€˜venden’ soberanĆ­a local con cimientos de extramuros. Toda una trasquilación digital sobrevenida propiciadora de una dependencia de Washington y PekĆ­n, Ć”vidos de apoderarse de la gobernanza tecnológica de la UE. Algo trĆ”gico, Āæverdad Bruselas?

ĀæHacemos lo necesario para enmendallo? Sin Ć”nimo de hacer escarnio -pero tampoco ignorarlo-, baste traer a colación y valorarlo benĆ©volamente el reciente anuncio del inicio del despliegue de la Nube Soberana de IA autonómica madrileƱa, plagada de tecnologĆ­a del TĆ­o Sam (Nvidia, Oracle, HPE…) o la ilusoria satisfacción de acoger abundantes centros de datos en nuestra geografĆ­a en los que poco menos que Ćŗnicamente ejercerĆ­amos de porteros de las instalaciones.

Parafraseando a Picasso, a los europeos se nos trata como ā€˜dioses’ en lo tocante a privacidad pero tambiĆ©n como ā€˜felpudos’ en atención a nuestra irrisoria capacidad digital. Y algo aĆŗn peor, este pensamiento generalizado se agrava cuando incluso nosotros mismos somos plenamente conscientes de esta debilidad y no corregimos con decisión.

MĆ”s allĆ” de los interesados y/o cafres argumentarios de saldo y de podcasteros de mercadillo, la soberanĆ­a digital –en lo que nos toca– es un asunto crucial que no acaba de abordarse en serio. DeberĆ­a entenderse como la capacidad verificable –medible y exigible– de determinar, auditar y, llegado el caso, poder revertir, si procede, las condiciones para las cuales se tratan los datos por estos lares y ser razonablemente autónomos ĀæNo?

La dependencia de terceros, en escandalosos órdenes porcentuales del 70%/80%, mediante nubes eufemĆ­sticamente locales, exige reconducirla, pergeƱando una inequĆ­voca, decidida y consensuada transición europea de nuestros activos a ā€˜albergues digitales’ genuinamente asentados en territorio nuestro. RealĆ­sticamente la transición habrĆ­a de ser modulable, gradual y, atando muy en corto a los concernidos, poder disponer de controles verificables en todo su trayecto.

En paralelo, la soberanía dependerÔ cada vez mÔs de la capacidad para generar conocimiento propio. No se trata únicamente de que Europa lidere industrias con marchamo digital, sino de asegurar que pueda innovar, competir y proteger sus activos críticos bajo sus propios marcos de confianza en estos menesteres.

Y lo penĆŗltimo y no menos importante en esta atmósfera soberanista tecno-digital: OJO al auge de todo lo que tiene que ver con la Ciberdefensa [con mayĆŗsculas]. El mundo entero y buena parte de Europa estĆ”n moviendo el culo. En EspaƱa, cómo no, tarda el desperece, dejando entrever su discretĆ­sima atención estratĆ©gica a esta industria y a su gobernanza, escasas de arrope. Todas las potencias –actuales y aspirantes–, ademĆ”s de estar chutĆ”ndose con los nutrientes de las que estĆ”n siendo alimentadas al albur de la enrarecida casuĆ­stica geopolĆ­tica mundial, estĆ”n espabilando de lo lindo en estos menesteres rearmĆ”ndose con sus mejores galas para litigar, disuadirse y zurrarse en el ciberespacio.

Mostremos algunos botones:

Primero: un reciente memorando de Seguridad Nacional de la Casa Blanca por el que se amplĆ­a la autoridad federal para desplegar herramientas cibernĆ©ticas ofensivas directamente contra mafias ciberdelincuenciales offshore que atacan a estadounidenses. La directiva establece un marco formal que integra la inteligencia de amenazas del sector privado en las operaciones gubernamentales. Toda una estrategia pĆŗblico-privada para ā€˜voluntarios forzosos’ a fin de ā€˜interrumpir’ las redes extranjeras propagadoras de ransomware y fraude digital.

Segundo: en los parajes del imperio del sol, sus mandatarios, tras dĆ©cadas capados y apocados, se han desperezado facultando a su ejĆ©rcito y policĆ­a para que desde el otoƱo próximo y amparados en una ley que permite neutralizar en su origen ataques de gran escala de estados desafectos (China, Rusia, Corea del Norte…), puedan desenvainar sus cibersables para rearmarse y ā€˜ensartar’ en el ciberespacio a esta tropa ciberasilvestrada que los merodea y agrede.

Tercero: Alemania también asoma la cabeza. En agosto su Ejecutivo dio luz verde a una ampliación de las atribuciones del Servicio Federal de Inteligencia (BND) para operar fuera de sus fronteras, lo que abarca acciones de sabotaje, participación en campañas contra la desinformación, el pirateo de servidores en el extranjero y otras tÔcticas de guerra híbrida, en particular atribuidas a la cojonera Rusia.

Cuarto y Ćŗltimo: hasta la siempre contenida Dinamarca ha habilitado en su nuevo servicio militar la posibilidad de cumplirlo en modo ā€˜cibermili’, recalando en unidades especializadas con formación expresa y desempeƱo especializado. ĀæAtraerĆ” y sumarĆ” voluntarios?

El futuro, tan terco Ʃl, sigue empeƱado en pisarnos los talones. Hay que intentar que no nos agarre de las bragas y los calzoncillos mientras avanzamos panolimente hacia la incertidumbre digital a pleno galope.

Y asĆ­, es momento de no tomĆ”rnoslo a broma, con permiso de Condemor de la Pradera digital. Ya lo espetaban los funkeros Chic, involuntariamente pensando en nosotros, los europeos: ā€œSi el mundo es un circo, no seĆ”is vosotros los payasosā€. Y mucho menos diodenales y chiquitocuĆ”nticos.