Business Wallets: la próxima frontera del seguro

Solo queda medio aƱo, si va todo segĆŗn lo previsto, para que podamos tener ya nuestra primera Cartera de Identidad Digital Europea. EspaƱa confĆ­a en cumplir los plazos y, para finales de diciembre, quienes lo deseemos podremos usarla en al menos dos casos de uso concretos. Cinco aƱos despuĆ©s de que la Comisión Europea lanzara su propuesta para crear el nuevo marco europeo de identidad digital, el camino ha sido largo con reglamentos, actos de ejecución, arquitecturas de referencia, pilotos a gran escala, esquemas de certificación… Y, a falta aĆŗn de ver su grado de adopción y su capacidad real, el sector lleva ya tiempo mirando hacia el siguiente capĆ­tulo: las European Business Wallets, que estos meses han acaparado tanta atención que las EUDI Wallets han quedado casi en un segundo plano. Y es que, digitalizar la identidad de una persona es una labor muy compleja, pero trasladar al mundo digital la capacidad de realizar cualquier operación comercial en cualquier rincón de la Unión, es otra historia.

Se ha hablado mucho de simplificación de trÔmites, de eliminar papel redundante, de agilizar relaciones entre empresas y administraciones. Sin embargo, a medida que se avanza surge algo de lo que no es fÔcil caer en la cuenta si no formas parte directa de ese Ômbito, y es el hecho de que, junto con la digitalización de la identidad de una organización, también hay que digitalizar la confianza jurídica sobre la que opera.

Hace unas semanas estuve en un evento con algunos de los profesionales mĆ”s reconocidos que estĆ”n impulsando esta transformación y, entre las reflexiones mĆ”s interesantes que escuchĆ© fue precisamente que para hacer realidad todo esto hay que llevar a cabo una labor de ā€œingenierĆ­a legal brutalā€. Y la expresión no es para menos, porque es parte del iceberg que no se ve, un gran trabajo que va a pasar de forma pionera a traducir, al lenguaje de los ecosistemas digitales, conceptos jurĆ­dicos construidos durante dĆ©cadas, como mandatos, apoderamientos, representaciones y facultades, que deberĆ”n convertirse en elementos verificables, interoperables y jurĆ­dicamente reconocidos en cualquier Estado miembro. Y aquĆ­ es donde la conversación empieza a resultar especialmente relevante para la ciberseguridad. Porque si durante aƱos la protección de identidades ha sido, y sigue siendo, uno de los principales campos de batalla, las Business Wallets amplĆ­an enormemente la superficie de riesgo, con mĆ”s actores, mĆ”s capas y mĆ”s puntos de entrada. SĆ© que, sobre todo en nuestro sector, una cifra o un porcentaje vale mĆ”s que mil palabras para dar contexto al panorama actual; pero tambiĆ©n creo que a estas alturas los datos sobre las ciberamenazas son de sobra conocidos.

Futuras coberturas

Lo que sí cabe destacar es que, ante este panorama, ademÔs cobrarÔ protagonismo otro Ômbito que, por ahora, también permanece bajo el iceberg, como es el de los ciberseguros. En la actualidad, gran parte de las pólizas giran alrededor de incidentes como el ransomware, las brechas de datos, las interrupciones de servicio, el fraude por compromiso de correo electrónico o, incluso ya, la IA; pero las Business Wallets van a introducir escenarios completamente nuevos, riesgos que hoy apenas empiezan a definirse y sobre los que la industria aseguradora también tendrÔ que ponerse al día. Algo de lo que trataremos por primera vez en nuestro Espacio TiSEC de junio.

Y todo ello mientras Europa intenta coordinar un ecosistema gigantesco y los responsables de los grandes pilotos europeos insisten en que no nacerĆ” completo, llegarĆ” por fases, con limitaciones, con problemas de interoperabilidad, con ajustes regulatorios y con casos de uso que irĆ”n madurando progresivamente. Y quizĆ” Ć©sta sea la expectativa mĆ”s realista, porque la transformación que plantean las carteras europeas no consiste en sustituir de la noche a la maƱana los sistemas existentes, ni desaparecerĆ”n porque, al menos, en principio se espera que coexistan juntos. Consiste en crear una nueva capa de confianza para las relaciones económicas digitales europeas. Un proyecto ambicioso cuyo Ć©xito, al final, dependerĆ” de algo tan simple y tan difĆ­cil como que las empresas –todas, no solo las grandes– encuentren motivos reales para incorporarlas a su actividad diaria.