Manolo, mucho ojo, poca vista y escaso atisbo para ser ā€˜Domador de IAs’

DecĆ­a Antoine de Saint-ExupĆ©ry que lo ā€œesencial es invisible a los ojosā€. Y buen ejemplo de que no se trata de tener vista sino de saber mirar es Manolo. Un prodigio anatómico, que ha paseado por el Ćŗltimo congreso de ciberseguridad de AndalucĆ­a, con una gigantesca cabeza coronada por un Ćŗnico ojo descomunal… incapaz de dar dos pasos sin caerse sin que alguien le llevara del brazo. El ideal de la visibilidad total… con la movilidad de un bonsĆ”i y, seguramente, un perfecto ejemplo de la ciberseguridad esperpĆ©ntica que a veces vivimos. Y es que el exceso de visibilidad, sin criterio, se ha convertido en una forma sofisticada de ceguera. AsĆ­ se ha evidenciado en la Ćŗltima edición de Espacio TiSEC, donde la observabilidad, la de verdad, se considera mĆ”s que una cuestión tĆ©cnica ā€œun motivo de supervivenciaā€ fruto de una verdad incómoda: vemos mĆ”s que nunca, pero, posiblemente, entendemos menos que siempre. Y en este festival de ciberfuegos artificiales la IA se alza como hidra poderosa. O mejor dicho, las IA. Bajo el ā€˜bĆ”lsamo de fierabrĆ”s’ que tanto se oye prometiendo automatizarlo todo surge el apocalipsis de desplegar todo tipo de sistemas sin el menor control donde el usuario ha dejado de ser ā€˜el tonto Ćŗtil’ tan cacareado durante dĆ©cadas. El que hace clic donde no debe, el que reutiliza contraseƱas, el que confunde urgencia con legitimidad. Un relato que ha permitido mantener intacta la fe en arquitecturas, productos y procesos considerando que Ć©l siempre es el eslabón dĆ©bil de la cadena.

Ahora, gracias a la IA, muchos incidentes de alto impacto no requieren ni clic, ni error humano. Porque la IA estÔ pensada para complacer y esa que es una de sus virtudes, se torna como una de sus grandes debilidades en ciberseguridad. Buena prueba son los denominados ataques zero click, sin intervención alguna de la persona.

El sistema procesa, interpreta y ejecuta sin necesidad del usuario demandando, mĆ”s que nunca, profesionales que sean capaces de ser ā€˜Domadores de IA’, como mostrĆ© en la Ćŗltima edición de RootedCON, en una ponencia muy ilustrativa, junto a la siempre incisiva Carmen Torrano, sobre la ciberseguridad que se aplica a los algoritmos de IA antes de salir a producción.

Si algo puede salir mal...

Y, como enunciaba, el ingeniero Edward A. Murphy Jr., en los aƱos 40, ā€œtodo lo que pueda ir mal, irĆ” malā€. Buena prueba de ello, es el tan esperado –pero seguramente inexistente– impacto en la ciberseguridad europea de la tan cacareada Directiva NIS2, de obligado cumplimiento desde octubre de 2024, pero aĆŗn sin transponer por media docena de paĆ­ses. Una cibertorre de Babel, que la Comisión ha querido ā€˜domar’ proponiendo modificaciones especĆ­ficas de NIS2 (Directiva (UE) 2022/2555)’ a travĆ©s de lo que se denomina ā€˜cyber posture’. Con ellas se busca aumentar la claridad jurĆ­dica mediante la simplificación de las normas jurisdiccionales, la agilización de la recopilación de datos sobre ataques de ransomware y facilitar la supervisión de las entidades transfronterizas con el papel de coordinación reforzado de Enisa. En definitiva, se aspira a homogeneizar el mosaico de realidades nacionales que ha generado esta directiva, permitiendo certificar una postura. Un cambio notable y toda una declaración de intenciones.

La ciberseguridad no necesita ojos mƔs grandes, como el de Manolo, sino miradas mƔs entrenadas. Porque al final, proteger no es vigilarlo todo, sino saber quƩ no puede fallar. Lo que marca la diferencia no es cuƔnto vemos, sino cuƔnto entendemos. Y eso, por desgracia, no se compra con licencias.